Desconocidas
Marzo 14, 2008 por La Sandiego
La primera vez que mi mala memoria recuerda haberla visto fue una tarde cualquiera, a una hora algo rara para ir de compras. Bueno para mi normal. Eran las cuatro y media de la tarde de un viernes. Y subió dos o tres paradas después que yo lo hiciera, y esa cara me suena. Y para que a mi me suene una cara ya sabes lo que ha tenido que pasar, verla muchas veces, muchísimas. No me fijo demasiado en la gente, y acordarme de alguien es todo un reto. Pero de ella me acordaba. Me ve y la veo, pasa de largo y se queda detrás, no se sienta, solo se sitúa cerca de la puerta. Una zona perfecta si quieres controlar todo lo que pase en el bus. Yo continúo sentada, escuchando música… Esta si, esta no, esta me gusta, esta la paso que me recuerda a ti.
(Parada solicitada)
Y rapidito desde que frena el bus, casi saltando para bajarme, como siempre, de prisa, porque no tengo tiempo para perderlo. Pero alguien es más rápido que yo y me adelante en un cruce. Es ella, y se bajó en la misma parada (procesando información) ¿y entonces por qué se quedó de pie si para bajarse aquí aún faltaba? Y esa tarde la veo en una tienda, y en otra, y otra más. Y fue en la última, de dos plantas. ¿Perdona me das paso? y su cara de sorpresa, no, no la mía ¡Otra vez tú! No lo puedo creer, y me siento incomoda. Tanto que ahí acabó mi tarde de compras, ya lo que me faltaba que una desconocida pensara que la sigo, no, no, no, ni hablar, mejor me voy. Con esa sensación de no saber muy bien que pasó, pero incomoda y mucho, tanto como para tomar el primer bus de regreso a mi casa, aunque eso supusiera perder la tarde.
Y pasaron unos meses, el tiempo prudencial, creo yo, para que ambas entendiéramos que era fruto de la casualidad y no de ninguna persecución maniaca de alguna de las partes que volviéramos a coincidir. Recuerdo perfectamente lo que me costó conseguir ese billete y que viajé dos días después de lo planificado, y de noche. Y si hay algo no me gusta, es viajar de noche. El vagón semivacío, yo aireada por el viaje. Leyendo el último de Moccia. Y allí estaba, detrás de la puerta que daba entrada al vagón número 7, mi mismo vagón, esperando que se abra. Me miró y yo la ví, pero esta vez sin caras de sorpresas, ni sobresaltos.
Cabe decir que después de esa la he visto en mi facultad un par de veces. Así que ya no sólo vamos a las mismas tiendas y tomamos los mismos trenes, sino que posiblemente estudiemos lo mismo.
¿Desconocidas? No sé.



Suele pasar gente que ves y que te suena su cara pero sin embargo no sabes quien es, pero más tarde atas los cabos y te das cuenta de que esa chica la ves habitualmente y ni siquiera os conoceis.
Un muak!!
yo tampoco me quedo con las caras, propicia muchos malentendidos, aggg que rabia me da
Si, supongo que tienen razón pero es que coincidimos en sitios tan retorcidos que me da que pensar, pero nada un par de minutos, no es grave, luego se me pasa
Gracias por los comments!
Besus!