La verdad no me pesa, la puedo decir así como hoy, como a ti. Aunque estemos en una café de estación, aunque hayamos coincidido sin previo aviso, y tu mirada siga teñida de un amargo resentimiento y yo la note. Pude intuir ese brote de satisfacción al escucharla de mis labios, sentí como te subía la presión y te latía con fuerza, te emocionas por instantes. Estoy ahí, me tienes en frente, como no hacía desde tanto, y lo mejor de todo, casi rozando el entendimiento. Satisfecho tú, es mi turno.
Piensas que me estás incitando al despojo, y lo curioso es que soy yo, la que siente como traicionas. Sé, sé que llevas demasiado tiempo esperando este momento, un año, quizás algún mes más. Pero pierdes, te sudan las manos y tus ojos brillan intensos, me lo pones fácil.
Te avisé que si querías que lloviese, caerían chuzos de punta, que yo no tengo nada que perder, ni qué temer. De más está callarse, sin preocuparte, soy yo. Caes sin quererlo, te vuelves ultra de mi equipo, de mi y mis maneras, aunque eso suponga dar la espalda a los buenos, los mismos que te acunaron cuando te deje tirado; igual tu quieres conmigo.
Olvidas con facilidad cuando se trata de mi, admites sin verguenzas. Te vereo sabia: -yo minoría absoluta, soy libre-, recuerda aunque te cueste, y quieras ignorarla, tienes una vida. No deja, ya me encargo yo, yo te la recuerdo.
Insistes, la picardía refleja en cada mirada, mis travesuras, la niña mala que no conoce treguas, que castiga y posiblemente, haga daño, más del que te gustaría… Pero es ella, soy yo, te atrae, loco y aunque no se deba, ni debas, también libre, libre para mi, como siempre y tantas. Y al final, tu has dicho más que yo. Te advertí, sé muy bien lo que digo y el modo, controlo las maneras. Es un arte y lo domino, pero tu esa parte la conoces, no pretendo ser maestra. Te dejas embaucar, presa fácil entre mis filas.
-Tiene la belleza de una playa abandonada, y su orilla se baña por el mar embravecido-, escribes en una servilletita de papel, excusándote, una vez más por ésta, y de antemano, por las otras muchas que vendrán.
Y yo, sólo sé que no se nada de tu vida, sólo me colgué una vez en el pasado, pero creo que no te deje jugar con fuego.
Esa es la historia
Publicado por eldiariodeamanda en Junio 3, 2008 at 8:13 am
¡¡Que chula la historia y que real!!
Un beso,
Amanda
Publicado por La chica de ayer en Junio 3, 2008 at 9:38 pm
AY, CUÁNTO HAY QUE VIVIR Y A VECES QUE SUFRIR!
Publicado por Fi2 en Junio 4, 2008 at 8:34 pm
Me encantaría haber visto esa historia sentada en la mesa de al lado o quizás haberla contemplado por un agujerito. Es mágica.
Un besito.
Publicado por rocio en Junio 4, 2008 at 8:40 pm
La vida es dura…
muak!
Publicado por acoolgirl en Junio 6, 2008 at 8:53 am
A veces hay que ser fuerte y mantenerte en tu sitio… Creo que es lo que hiciste y me parece digno de admiración… Yo he caido tantas veces… que leer algo así, da fuerzas!!
Un besazooo
Publicado por amores dormidos « 100 grados y 21 gramos en Septiembre 11, 2008 at 12:55 am
[...] Y más. [...]