Cuando yo era un chaval, en el instituto, recuerdo que nos llevaron a una exposición cultural para ver arte en esos famosos museos de Londres. Y cuando estaba allí, me topé con una estatua de una diosa griega hecha en mármol, Afrodi… Afrovida o algo así. Era preciosa, unas formas femeninas perfectas, unos rasgos precisos, bellísima… Me quede embobado mirándola… Al final, la profesora nos llamo a todos, y cuando pasé ante ella, en ese trayecto, me fijé en el costado de esa diosa griega, con todas sus grietas, muecas e imperfecciones… Fue una decepción. Pues, así es Nikki, una escultura preciosa, pero dañada de un modo que no captas hasta que no estás cerca.
Publicado por Dracir en Octubre 7, 2009 at 10:48 pm
Eso es por que entonces no había anuncios de botox. El tiempo pasa y en la piel queda un refrán: Si te he visto no me acuerdo.
Renovarse o morir.
Publicado por Sand en Octubre 7, 2009 at 11:52 pm
Muchas veces, esos pequeños daños e imperfecciones son los que nos hacen maravillosamente diferentes… La imperfección es perfecta